domingo, 15 de noviembre de 2020

Daniela

-Vamos a jugar con el perro, me dice Daniela.

-Pero le tiene la boca para que no me muerda, agrega la niña.  Accedo.

Miro alrededor y veo al perro jugando con unos niños. Chiflo fuerte y grito su nombre. El cachorro se acerca corriendo. Me agacho, le acaricio el pecho y la panza. El can se tira de espaldas. Respira agitado.

La niña lo siente y se esconde detrás de mí.

-Ya lo puedes tocar, invito.

-Mejor no, tengo miedo.

-Préstame tu mano y la acercaré a su pata. Añadí.

Ella me da su pequeña mano, la acerco lentamente a la pata delantera del perro. El cachorro arrima su hocico y lame la mano de la niña.

Daniela grita, suelta al perro, se aferra a mí y me empuja. Quedamos sentados en el piso.

Los niños escuchan el grito y ríen. El perro se levanta y se va corriendo.

-¿Estás bien, Daniela? 

- Si, me asusté un poquito, responde.

Acompaño a Daniela a otro lugar del patio para jugar con otra cosa.


Pienso en Daniela y en el encuentro con un animal que no ha visto nunca.


Memoria de un recreo en el Colegio Juan Antonio Pardo Ospina. Bogotá. 


Murmullo interior I. Fotografía . 2004